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«Déjalos ser»: Jesucristo y la libertad del amor que no persigue

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Existe un fenómeno curioso en la cultura contemporánea del crecimiento personal: la sabiduría antigua —aquella que fue decantada durante siglos en el silencio del desierto, en la celda del monje, en la oración del alma que aprendió a soltarse— regresa disfrazada de novedad. La llamada let them theory , popularizada recientemente por la autora y presentadora Mel Robbins y su libro homónimo —que vendió 1,2 millones de copias en su primer mes—, propone en esencia esto: deja que las personas hagan lo que quieran hacer, deja de perseguirlas, deja de controlarlas, recupera tu centro. El poema que sirvió de detonador cultural lo dice sin adornos: «Si quieren elegir algo o a alguien antes que a ti, déjalos. Si quieren pasar semanas sin hablarte, déjalos». Hay algo verdadero en ese gesto. Resuena porque toca una herida real: la del alma que ha agotado sus fuerzas persiguiendo el reconocimiento que otros no le dan, la del corazón que ha confundido el amor con el control. Sin embargo, la pregun...

El Repliegue Sobre sí Mismo: Cuando la Confianza en Dios se Convierte en Deuda Pendiente

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Existe una forma de agotamiento que no proviene del trabajo sino de la ilusión de bastarse a uno mismo. El hombre moderno —incluso el creyente— ha interiorizado tan profundamente la ética del esfuerzo que rara vez distingue entre la virtud de la diligencia y el vicio sutil de la autosuficiencia. Ora, sí, pero como quien envía un informe antes de tomar la decisión que ya tenía tomada. Cree, sí, pero con esa fe de fondo que no perturba demasiado los propios cálculos. La vida espiritual se convierte entonces en una capa decorativa sobre una existencia que, en su arquitectura real, está construida sobre las propias fuerzas. Este ensayo propone examinar ese repliegue sobre sí mismo —lo que la tradición llamaría proprietas o apego a la propia voluntad— como uno de los obstáculos más persistentes en el camino hacia Dios. I. El cansancio como síntoma espiritual San Agustín abre sus Confesiones con una paradoja antropológica: el corazón humano está hecho para Dios, y precisamente por eso no d...

El hijo pródigo y la trampa de la víctima: sobre la responsabilidad personal como camino espiritual

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Hay una verdad que la vida enseña tarde o temprano, a veces con suavidad, a veces a golpes: las cosas no saldrán como las planeamos. La adversidad no es una anomalía reservada para los desafortunados; es la condición ordinaria de la existencia humana. Lo que nos diferencia no es si enfrentamos dificultades, sino qué hacemos con ellas. Y sin embargo, ante el peso de lo que no salió bien —la infancia difícil, la familia rota, los traumas acumulados, las oportunidades perdidas— existe una respuesta que se repite con asombrosa constancia: buscar a alguien más a quien culpar. Es una respuesta comprensible. Es también, en última instancia, una trampa. La coartada interior La mente humana es extraordinariamente hábil para construir lo que podríamos llamar una coartada existencial : una narrativa que explica mis fracasos sin requerir que yo cambie nada. "Soy así porque me pasó esto." "No avanzo porque él, porque ella, porque aquello." El jefe demasiado crítico, el compañero...

Permanecer: sobre el descanso del alma en la vid y el fin del voluntarismo espiritual

Existe una trampa sutil que tiende el fervor mal orientado: la de confundir el esfuerzo con la fidelidad. El hombre espiritual moderno —heredero tanto de la ascética cristiana como del ideal ilustrado de la voluntad autónoma— suele llegar a su vida interior con el mismo gesto con que afronta cualquier otro proyecto: determinación, método, disciplina. Y no es que la disciplina sea mala. Es que, aplicada sin discernimiento al misterio de la vida en Dios, puede convertirse en el obstáculo más refinado que se interponga entre el alma y su fuente. Juan 15 habla de otra cosa. Habla de permanecer. I. El sarmiento y la fuente: una ontología de la dependencia La imagen que Jesús ofrece en el discurso del aposento alto no es una metáfora decorativa. Es una declaración ontológica. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos (Jn 15,5). El sarmiento no produce vida: la recibe. No genera el fruto por su propio esfuerzo: lo transmite, porque está unido a la fuente de la que mana. La única condición p...